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A pesar del tiempo transcurrido en estas islas, los peruanos no dejamos de lado numerosas costumbres y maneras de enfocar nuestros pensamientos. Una de ellas es llamar a las cosas de diferente manera, cambiendole de nombre para que suene "mas bonito", para no ser tan directos, indiscretos, impertinentes o quizas para enganarnos a nosotros mismos y asi estar protegido ante cualquier eventualidad y superar el cargo de conciencia.
Cuando me encontre con Beto, un amigo de la familia, me sorprendio el termino con que habia bautizado al pachinko, pues luego de hablar los temas comunes de dos conocidos que se encuentran en el Japon, pasamos a tratar el tema de como distribuiamos nuestros respectivos salarios a lo largo de todos estos anios que vivimos aqui. A diferencia mia, Beto tiene dos hijos y esposa que mantener en el Peru, lo cual hace con envios puntuales cada mes, distribuyendo su salario de la siguiente manera: la cuarta parte la utiliza para cubrir sus necesidades aqui , la mitad envia a Peru y la otra cuarta parte la invierte en el "ahorro progresivo", sorprendente nombre con el que bautizo al pachinko, cosa que es costumbre de muchos llamar a las cosas por la que no son, pero que segun me relato el, justificaba las necesidades de los dekasegi, puesto que los bancos japoneses no ofrecen intereses, las instituciones financieras peruanas afincadas en el Japon ofrecen un verdadero "desahorro"y no hay otras espectativas estimulantes de ahorro, el recurria a algo que vaya mas de acorde con su rutinaria vida en el Japon, alentado e influenciado por sus companeros de trabajo (japoneses y extranjeros), un ahorro "progresivo" que estimule su adrenalina de golpe y no esperando meses para ganar diez o quince dolares de interes, pues luego de intensas doce horas de trabajo diarias, necesitaba algo que distrajera su mente, porque no soportaba la monotonia de regresar al apato y proseguir su monotona existencia; un estimulo como el siete, siete, siete, la musiquita de la maquina cuando abre o aquel ambiente multicolor cargado de humo de cigarrillos y gente angustiada por ganar, sacando mentalmente la cuenta de los premios mayores, de los "bonus games" o "big chance" y taradeando para sus adentros el extasis de ganar el equivalente de un salario mensual en algunos minutos y sumergirse dentro de aquel mundo de ensueno que podria ser real a la salida del trabajo, tras escuchar el tiembre de salida y ser transportado al "salon de las espectativas venideras" en el cual todo pensamiento y accion esta ligado a la ansiedad de ganar y ganar, colocando billetes de mil y diez mil yenes, a diestra y siniestra y tras las aceleradas canciones y estimulos luminosos que reinan en el local, con toda seguridad esos billetes seran recibidos de manera triunfal si es que son vueltos a ver.
Es bien sabido las historias de personas que han trabajado durante anios y que pese a eso no han ahorrado un solo centavo, o mas tragico aun: han acumulado enormes deudas que sobrepasaban sus salarios mensuales y en el peor de los casos han tomado decisiones fatidicas; pero ni esas experiencias ajenas que se transmiten de boca a boca, ni los consejos mas prudentes, ni las recomendaciones mas bienechoras pueden alejar a cualquier jugador empedernido, conciente o inconciente, del juego, pues en una sociedad de consumo como esta el dinero esta omnipresente en cualquier rincon del tiempo y del espacio.
Tras mostrar mis desfavorables opiniones acerca del pachinko, intente persuadir a Beto para que dejara esa "distraccion", pues con el transcurrir del tiempo mas seria el dinero que perderia , a lo que el justifico que se trataba solo de diversion, ya que cumplia con su familia y que ademas enviaba la mitad de su salario, dinero suficiente para cubrir las necesidades basicas de su hogar y poder ahorra alla, cosa que lo estimulaba a seguir llevando el duro trajin de las fabricas y "distraerse", a la vez que ahorraba de manera "progresiva".
Que las justificaciones de personas como Beto son tan comunes para haberlas oido miles de veces no son novedad, lo que si es muy curioso en este caso es que no solo Beto, la cabeza de familia, se preocucaba por invertir su dinero en el "ahorro progresivo", pues el anio pasado que regrese a Lima y me encontre con la senora de Beto en un famoso tragamonedas de Miraflores (acompanada de un distinguido caballero dicho sea de paso), le propuse el mismo tema de conversacion y luego de escuchar sus argumentos: que no habia trabajo ni dinero en el Peru, que la situacion economica estaba por los suelos y que lo que recibia desde el Japon no era suficiente para los gastos de alla, todo esto dicho y justificado en escasos segundos, por lo cual quede perplejo, en condiciones de una persona que se esfuerza y se sacrifica en el Japon para enviar su dinero al Peru y que derrepente se encuentra en Lima con personas que tambien a raiz de la situacion deciden realizar el "ahorro progresivo", igualmente o mejor aun que los pachinkeros del Japon. Y es que en Peru la situacion obliga a las personas a esperanzar su dinero en juegos como bingos, loterias, tragamonedas o casinos, que a diferencia de los pachinkos de aqui, alla cuentan con el tiempo necesario para probar suerte de dia y de noche, aunque personas como Beto inviertan horas de su tiempo en Japon a dedicarse al juego, alla tambien lo hacen, y con mas argumentos y pretextos para justificar el "ahorro progresivo", pues se dispone del tiempo necesario, de la cercania de los locales, de los amigos que dan sus "recomendaciones" y lo mas importante en este caso.....cuentan con alguien que le envia remesas desde el japon.
No nos enganemos a nosotros mismos y acostumbremonos a llamar a las cosas por su nombre: pachinko es pachinko y ahorrar es ahorrar.
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