SOTANO LITERARIO
Taxi al Japón | Taxi al Japón |
| Escrito por Enrique Ponze Harada | |
| Thursday, 08 de July de 2004 | |
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Víctor se graduó hace dos años, es contador colegiado, mientras busca trabajo en su área ejerce como taxista. - Ya vengo “china” -le dijo a su esposa mientras agarraba las llaves del taxi alquilado- hoy es sábado y hay que aprovechar. - Suerte mi amor -contestó la mujer- que tenemos que pagar la letra del televisor la semana que viene. - ¡Ay, me había olvidado! Exclamó Víctor apresurando el paso para ganar más tiempo aún. Abrió la portezuela y empujó el carro para poder encenderlo, la batería estaba descompuesta, pero el alquiler del taxi era barato. Lo único que hago como contador es contar taxis, pensó Víctor a la vez que miraba la cantidad de taxis a su alrededor. De pronto, un tipo salía apresuradamente de un edificio y levantó la mano hacía Víctor, en clara señal que precisaba de sus servicios. Cuando estaba llegando donde el tipo, otro taxista le cerró el paso haciéndolo frenar bruscamente. Peor aún, le ganó el pasajero. ¡maldito! grito por la ventana y el otro se sonrió y se fue con el cliente ganado. Mientras miraba alejarse el auto ese, un grupo de cuatro personas salían del mismo edificio, llevaban dos maletas. Tocó la bocina con un corto bip, los cuatro levantaron la vista. ¿Taxi? Ofreció Víctor y los cuatro apresuraron el paso hacía él. Al aeropuerto internacional dijo uno de ellos, los otros esperaban atrás para que abriera la maletera. En el trayecto escuchó que uno de ellos viajaba al Japón. Una voz femenina dijo: - Kio no te podrá esperar en el aeropuerto en Japón, es lejos y ese día trabaja. - ¿Qué? Respondió el viajero. - Pero que no te preocupes pues al igual que ella, un tipo en el aeropuerto de Japón estará con un cartel escrito con el nombre de la agencia de viajes. - Ah ya, habló el viajero con alivio, será por eso que nos hacen viajar con saco, corbata y la escarapela esta, con el nombre de ellos, al mismo tiempo que la agarraba y comprobada que esté bien asegurada. - Estos japoneses que inteligentes, todo lo tienen bien planeado, exclamó el que iba en el asiento delantero. Víctor lo miró de reojo y observó al que habló, parecía ser el padre del viajero. Uhm, pensó, pero ellos no se parecen a mi “china”. - Con tu primer sueldo te compras un casco, allá hay muchos monstruos gigantes que derrumban las casas, yo lo he visto en Ultraman aconsejó muy serio el niño que iba en el carro. Todos explotaron en carcajadas incluso Víctor. Faltaba cerca de 10 minutos para llegar al aeropuerto y nadie conversaba, iban en silencio. Entonces Víctor aprovecho y preguntó: -Disculpen, no pude evitar escuchar, ¿Es que el joven viaja al Japón a trabajar? Si pues, respondió el padre, este “suertudo” se casó con una del ojo y ahora se pueden ir al Japón a trabajar, hay escasez de mano de obra, inclusive te financian el pasaje. Víctor se acomodó en el asiento mientras frenaba por un semáforo en rojo, ¿financian el pasaje? ¿Pero allá, cómo hace uno? ¿Pagan bien? ¿Qué agencia es la que hace eso? Ametrallaba con preguntas el chofer. Tienes que ser descendiente de japonés o al menos estar casado con una descendiente, dijo el viajero como tratando de que no se ilusione el amigo Víctor. Mi esposa decía mientras se le aceleraba el corazón, es descendiente de japonés, su mamá se apellida Higa. En ese momento entraban al aeropuerto y detuvieron el auto para la inspección de rutina. El policía se acercó al auto y dijo: abra su maletera. Víctor bajó del auto y obedeció, el policía miró y luego dijo está bien, pasen. Cuando estaban bajando las maletas el padre del viajero se adelantó y le dijo a Víctor: Toma compadre, esta tarjeta es de la agencia, está la dirección y el teléfono, si tu mujer es del ojo, te llevan. Víctor subió al carro hipnotizado y hechizado por la tarjeta, la leía y releía lentamente, parecía una invitación a la felicidad... Salió del aeropuerto y estaba emocionadísimo, decidió regresar a su casa para contarle a su mujer la buena nueva, mientras regresaba todo le parecía superable, estaba feliz, muy feliz, sacaba la cabeza por la ventana y gritaba: Chinaaaaaaaaaaaaaaa y carcajeaba sin parar, creo que hasta lágrimas de felicidad brotaron en esos momentos, al extremo tal, que recordó que no le habían pagado por sus servicios al aeropuerto, lo único que recibió de esa familia fue la tarjeta...esa mágica tarjeta con una invitación a la felicidad. En su casa la mujer dormía en la sala con el televisor encendido, eran apenas las 11 de la noche, pero sabía que los sábados el taxi rendía y Víctor se amanecería trabajando, ella prefería la sala a la cama vacía, siempre lo esperaba así. Entró Víctor a la casa y desde la puerta llamaba a su esposa: “China”, “china”, amor , llamaba en voz alta a su mujer, nos vamos al Japón. -¿Qué? Preguntó poniéndose de pie pensando que estaba escuchando mal Vamos al Japón, vamos al Japón, vamos al Japón, repetía y cantaba mientras agarraba de las manos a su esposa y giraban en círculos. Siéntate y déjame contarte, le dijo Víctor a su esposa. Ellos tampoco sabían que sus vidas cambiarían como nunca antes hubieran imaginado. |
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