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LA ODISEA MEXICANA PDF Imprimir E-Mail
Autor Ruben Kanagusuku   
Sunday, 20 de April de 2008

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Para quienes buscamos la comodidad economica en los pasajes aereos hacia el Peru o hacia cualquier destino sudamericano, tenemos que compensar aquella diferencia monetaria con diversas actitudes como la paciencia y tener correa para recibir diferentes tratos.

Quien escribe estas lineas partio hace casi seis meses atras al Peru, en plenas vacaciones de Agosto del 2007 aqui en Japon, emocionado al haber adquirido un pasaje hacia Lima, via Mexico a 190000 yenes en plena temporada alta, abierto por seis meses, sin tener que preocuparme de sacar visa ni de engorrosos tramites anteriores al viaje, ya que solo efectue el pago de unos treinta dolares para pagar la custodia en los aeropuertos de Tijuana y Ciudad de Mexico respectivamente, cosa que se hace antes del abordar el avion en Narita de la manera mas rapida.


Y a pesar de haber llegado con dos horas de retraso mas la demora en la aduana de Lima, vi compensado el precio del boleto, pues para pasar por otro aeropuerto habria que sacar la visa canadiense o norteamericana, lo cual significaria un gasto extra.


Pero la odisea seria seis meses despues, al retorno al Japon, pues ya desde Lima se puede notar la falta de eficiencia del personal sudamericano, desde los controles policiales y migratorios, hasta de la misma aerolinea que retraso su salida dos horas.


Ni que decir del trato que recibimos los peruanos sin visa mexicana por parte de las autoridades migratorias aztecas en el aeropuerto de Ciudad de Mexico, los cuales ya desde Lima nos retuvieron el pasaporte, para encerrarnos en una habitacion sin muebles y con banos sin cerrojo, sin ningun tipo de servicios, llamese expendedoras de cafe, refrescos, comida o lugares para fumar y en donde iban juntando a diferentes pasajeros de diferentes vuelos en aquella habitacion a manera de celda asolapada, sin considerar que luego de varias horas de viaje el pasajero tiene necesidades primarias como comer decentemente, beber algo o en todo caso fumar, amen de los padres de familia que viajan con bebes o personas discapacitadas o ancianos que son tratados sin la menor consideracion.


Desde las ocho de la manana de aquel jueves se nos informo que el vuelo a Tijuana saldria a las diez de la noche, es decir que esperariamos casi catorce horas desde nuestra llegada a aquel claustro, en donde iba surgiendo el desconcierto y se irian formando lazos de familiaridad entre los pasajeros que compartiamos aquella fatidica experiencia .


Y mientras nos sacaban en grupos de ocho personas a la hora del refrigerio a los diferentes comercios de aquella ala del aeropuerto, nos dabamos con la sorpresa de que estaban destinados a los turistas pudientes, pues en mi caso, gaste diez dolares en una torta de jamon y dos Coca-colas, siendo solo la primera comida del dia y solo tres comercios a los que teniamos acceso.


Tendriamos que enganar entonces el estomago con algunos dulces o panecillos a lo largo del dia, porque el satisfacer a plenitud las comidas del dia, saldria un ojo de la cara para cualquier viajero que esta alli de paso, algunos siendo vencidos por el sueno o la irritacion de la impaciencia de aquellas largas horas, durmiendo con un ojo abierto para cuidar el equipaje de mano, la bolsa de viaje o la billetera pues uno no sabe con que viajeros les toca compartir espacio.


Asi fueron pasando las horas, mientras los oficiales de inmigracion nos sacaron una vez mas a reganadientes a los comercios del sector, fumabamos a escondidas en los banos y comprabamos cualquier cosa para pasar lo que quedaba del dia hasta que despues de preguntar muchas veces la hora y tratar de sincronizar los horarios con Lima y Narita llego las diez de la noche hora local, en la que nos ibamos acercando, equipaje en mano, a la salida de aquel cubil, para que un oficial de inmigracion nos informara que Aeromexico habia retrasado el vuelo y saldria a las siete de la manana del dia siguiente.


La indignacion se apodero de todos nosotros y pediamos a gritos que algun representante de la aerolinea se apersone a explicar lo que ocurria, cosa que desde luego no sucedio.
Resignados a pasar la noche en aquella habitacion sin calefaccion y con un frio espantoso, nos ibamos apilando en el suelo unos al lado de otros, usando de mantas nuestras propias casacas y de almohadas nuestros equipajes de manos, escuchando los llantos de los bebes que eran consolados por sus jovenes madres y los reclamos de los ninos que eran apaciguados por sus impotentes padres queriendo sobrellevar de manera prudente aquella insoportable situacion.


Era una situacion en la que no se podia dormir, invadidos por la desconfianza y la irritacion que flotaba en el ambiente, ademas de otros factores como las luces que irritaban los ojos y que muchos pedian que se apagaran para poder conciliar el sueno o los ruidos de las reparaciones al lado de la habitacion que hacian un sonido estruendoso.


Asi estuvimos dormitando hasta el dia siguiente, entremezclados entre cuerpos, maletines, carteras y diversos equipajes, como una gran ensalada de seres humanos colmados de repudio ante tan degradante situacion.
Y siendo casi las ocho de la manana , tras pasar lista y enumerar a los pasajeros de transito que pernoctamos aquella noche, nos ordenaron en fila india y nos condujeron hasta la sala de abordaje, pasando por los pasillos del aeropuerto ante la mirada atonita de los demas pasajeros que esperaban en las salas de los alrededores con rumbo al aeropuerto de Tijuana.


Nos llevo casi tres horas llegar a Tijuana en un avion intercontinental, el mismo que nos llevaria a Narita pero que por diferentes razones tendriamos que desembarcar para pasar otras horas en la sala de custodia de dicho aeropuerto.


A estas alturas del viaje ya habriamos preocupado a nuestros familiares y amigos tanto en Lima como en Narita, pues a muchos pasajeros que iban por primera vez a Japon, los esperaban desde casi un dia atras, y los irian a recoger de lugares distantes como Nagoya o Utsonomiya, teniendolos tambien al borde de la desesperacion.


Eso que aun faltaba el tramo mas largo del viaje, pues desde Tijuana a Narita son cerca de doce horas de viaje, aparte de que una vez llegado a territorio japones, cada uno tendria que desplazarse a diferentes prefecturas como Aichi, Shizuoka o Yamanashi, demorando en el mejor de los casos hora y media mas de viaje.
Como le dije a uno de los agentes de inmigracion que tanto nos custodiaban , en un momento de extrema indignacion:"si tu pudieras tambien te irias a Japon a trabajar, por que crees que nosotros queremos escaparnos en este pais de mierda?" (con el perdon de los amigos mexicos que lean esta nota, pero estoy seguro que ellos conocen mejor que nadie la realidad de su pais). Me afirmaron con solemne seriedad que como estabamos en Tijuana, cerca de la frontera con EE.UU muchos quisieran aventurarse al sueno americano y cambiarlo por el sueno japones.


Espero amigo lector que esta experiencia pueda servir de algo para que lo piense dos veces antes de aventurarse a comprar un pasaje que le salga "mas barato" para regresar a Sudamerica via Mexico

Modificado el ( Sunday, 20 de April de 2008 )
 
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