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SOTANO LITERARIO
Carta de un dekasegi a su mamá
SOTANO LITERARIO
Carta de un dekasegi a su mamá | Carta de un dekasegi a su mamá |
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| Escrito por Enrique Ponze Harada | |
| Tuesday, 13 de April de 2004 | |
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Japón, 24 de Diciembre de 2004 Te contaré que llegué sin percance alguno, aunque en Los Ángeles, un inspector de aduanas se sorprendió de los cuatro frascos de jugos instantáneos que traía, le expliqué que eran para mi prima, que le gustaba mucho y no había en el Japón. Los revisó minuciosamente y los dejó pasar. El resto de mi equipaje no dejaba de ser curioso, 6 pastas de dientes, 6 jabones kauffmann, 20 máquinas de afeitar desechables, 24 latas de atún, tres paquetes de comino, sibarita y hojas de laurel, jajaja, ¡má, y no fui el único! Casi todos traían similar equipaje. Jajaja, un amigo trajo una olla usada. ¡Parecía la conquista del viejo Oeste! Llegamos a Narita, un aeropuerto internacional de aquí, nos esperó una persona que hablaba español y nos señaló unos buses, en uno nos subimos cinco amigos que nos conocimos desde inicios del viaje, hemos decidido estar juntos, digamos que somos amigos en la aventura. Viajamos por tierra como cinco horas, ¡Qué tales pistas! Ni un hueco, nadie corre ni se pasan tocando la bocina sin control, la gente cruza por las esquinas, bien organizados para qué. Estoy instalado en Yokohama y vivimos los cinco amigos en el mismo apartamento. Te cuento pues, aún no ubico a la flaca y no le he podido dar sus frascos que encargó. En el trabajo todo bien, el primer día entregan uniforme, botas, guantes y tenemos bastantes horas extras. Lo único malo es la comida en la fábrica, extraño un buen bistec y un tenedor. En las noches vamos a un lugar que se llama “sento”, son baños públicos al estilo japonés, unos cuartos con duchas en una pared, pero están a metro del piso… estarás pensando que es otra de mis bromas, pero lo que pasa es que te bañas sentado, después te sumerges en unas piscinas con agua bien caliente y mineralizada de color, al comienzo da vergüenza el estilo, pero te vas acostumbrando. Te cuento también que los japoneses botan las cosas casi nuevas, fuímos amoblando el apartamento con cosas que hemos ido encontrando en la basura, muebles, mesas, sillas, equipos de música, televisores, de verdá má, no estoy exagerando. Aquí también está todo al revés, los carros tienen el timón a la derecha, el sentido del tráfico es inverso, se escribe de atrás para adelante, de derecha a izquierda, de arriba hacia abajo y con los famosos kanjis que no entiendo. Un amigo japonés de la fábrica me invitó a su casa, un desastre má, mi nerviosismo y desconocimiento de algunas reglas de etiqueta japonesa hizo de ésta una experiencia inolvidable, pero lo peor fue cuando probé el “wasabi”, casi me asfixio y al toser salieron unos granos de arroz de mi boca, los cuales no quise ni mirar a donde fueron a parar, de reojo vi uno pasar cerca del papá de mi amigo, luego me comí una ramita de perejil que estaba en el plato, era adorno nomás, jajaja pero a mi me gustó, en fin, si me vuelven a invitar quiere decir que entendieron lo que son las diferencias culturales. Las barreras culturales y de idioma por rato me desalentaron y quise volver, pero siempre me animaba pensando si otros pueden por qué yo no. También he conocido gente de otras nacionalidades latinoamericanas, somos tan parecidos, lo único que nos separa son las fronteras de nuestros países. Cuando conversamos e intercambiamos opiniones, me doy cuenta que todos pasamos por los mismos sentimientos en el proceso de adaptación en esta sociedad. Te cuento má que me he dado cuenta de que ya no me molesta los ruidos de los japoneses cuando comen, ni la chupada de mocos que se dan a cada rato cuando se ponen nerviosas las japonesas. Y ¿sabes de qué me he dado cuenta también?, que los latinos no somos flojos, tenemos aptitudes, ingenio, creatividad. De esto no nos damos cuenta allá, en nuestros países. Aunque ya lo debes saber, eres abuela hace varios años ya, tu nieto usa la bufanda que me mandaste cuando te dije que en Japón hacia frío, guardo las dos que me tejiste, calientan mejor que ninguna. Má, tengo que cortar, aquí también se trabaja en navidad y ya salgo para el trabajo. Bueno, es la primera carta que te escribo en quince años y a pesar de tu ausencia física, sé que me estás leyendo. Feliz Navidad y un beso…estés donde estés. Tu hijo. |
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| Modificado el ( Thursday, 16 de August de 2007 ) |
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